Dos conciertos ya en la bandolera y otros cinco esperando. Ese es el resultado de nuestros dos primeros días de estancia en el País del Sol Naciente. La verdad es que han sido unos días muy satisfactorios pero, también, agotadores. Sin apenas tiempo para recuperarse de un viaje de mas de 17 horas, la BOS se ha enfrentado a un concierto en Osaka y tras dormir en esta ciudad, a un viaje en el tren rápido Thunderbird de mas de dos horas, otro en autobús de algo más de media hora hasta llegar al auditorio de Fukui (por cierto un lugar precioso situado en mitad de unos campos de arroz y con diseño lleno de referencias a la arquitectura tradicional japonesa).
Una vez en el auditorio, hemos comido comida japonesa presentadas en unas cajitas de una forma tan organizada como todo lo que vemos en Japón. Tras ello, la prueba acústica y a por el concierto, que aunque no se lo crean empezaba a LAS TRES DE LA TARDE. Una hora muy habitual para las actividades culturales de fin de semana en Japón.

Dos horas y cuarto después, recoger los instrumentos corriendo para que se los lleven los camiones y el personal de la BOS de nuevo a los autobuses camino del aeropuerto local que está situado a poco más de una hora del auditorio. La espera inevitable mientras se pasan las medidas de seguridad (los japoneses siguen impresionándonos por su eficacia y su amabilidad: todo sin stress y en la mitad de tiempo a lo que estamos acostumbrados) y a volar por una hora más hasta el aeropuerto de Tokio. Otros 30 minutos de autobús y por fin, a las 21,40 llegamos a nuestro hotel, el mismo en el que estuvimos hace dos años. Todo eso en un día. Como verán, no paramos.
Hoy, lunes 6, estamos en uno de los auditorios de Tokio , el Musashino Shimun Bunka Kaikan, situado a ¡90minutos del hotel! Que si por no lo recuerdan, también está en la ciudad de Tokio.
Pero, de verdad, todo está bien cuando el publico nos aplaude como nos está aplaudiendo hasta ahora. Al final, todos los músicos de nuestra orquesta sale con unas sonrisa de oreja a oreja cuando acaba el concierto. Por cierto, son muchos los músicos que lo han pedido, así que ahí va: un recuerdo desde Japón a la familia de todos los que estamos de gira . Comemos bien, no gastamos mucho (excepto en regalos para ellos) y nos vamos pronto a la cama.
Mañana nos espera otro día movido, pero , como decía antes, al final de cada concierto todo el esfuerzo merece la pena.